sábado, 24 de marzo de 2018

Autobiografía




Llevo alrededor de veinte días escribiendo una autobiografía. Los formatos y la información han ido variando. Hacer un currículum vitae o una hoja de vida no es en realidad hacer una hoja de vida, sino que es resumir en pocos, fríos, distantes y neutros términos aquellos acontecimientos que tienen algún tipo de validación cultural que legitiman que tengo ciertas capacidades. 
Una verdadera hoja de vida debería tener marcas de papel arrugado de estar en la cartera todos los días, aplastado y maltratado por el traqueteo, hasta manchado de café, pintura o tinta china. Incluso creo que mi hoja de vida debería verse como un papel que fue hecho una bollo chiquito en algún ataque de ira y rebelión contra el sistema y la realidad cotidiana. 
Claro que uno no puede ir por la vida mostrando el manuscrito, sería absolutamente impresentable. Como diría papá, cuando me ve por la calle en otra ciudad, después de muchos meses y con un atuendo que no comprende, ‘Creí que eras un mendigo’. 
A veces creo que el mundo sería más auténtico si mostráramos el manuscrito. Porque considero que me veo más en las manchas de café, tinta y pintura, en las mordidas al papel y las arrugas, que en las prolijas y legitimadas oraciones que me describen.




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